Convencida de que Enrique sufre explotación laboral, Alemania confronta a Florencio, quien la reta a administrar la fonda ella misma. Mientras Enrique y Carmela toman vacaciones en la casa, el otro lado se convierte en nicho de hippies, pósters de Guevara y comida orgánica, para horror de los comensales. Italia y Sputnik instauran el contrabando culinario, y Marbella salva la causa cobrando por el cubierto y el uso del baño desde la caja.