Las cosas andan tensas entre Carmela y Florencio. Después de que éste se echara para atrás ante la visita de su suegro, Carmela se encuentra en un repentino segundo aire, llegando tarde y saliendo temprano, muy arreglada. Muerto de celos, Florencio secunda la queja de Italia sobre la impuntualidad de los empleados, y ambos instauran una medida extrema: un checador.