Pelayo se adentra en el Valle del Cauca, epicentro cocalero de Colombia, donde acompaña al Tercer Ejército en la recuperación de El Plateado, un punto estratégico. La guerra cambia en este lugar: drones y minas marcan el combate, y la línea entre enemigo y víctima se difumina. Allí comprende que esta lucha es interminable y que el mal tiene muchas caras.